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CCC_100k(Mont Blanc)

Después de llegar a Courmayeur, caminamos con Sergio -mi compañero de entrenamiento-, desde donde nos dejó el Bus hasta la largada. Faltaba poco para las 9 am y pasamos la revisión de los materiales obligatorios sin inconvenientes: todo estaba listo para empezar a correr.

El minuto antes de iniciar la experiencia fue decisivo. Caí en la cuenta de dónde estaba parado, todo lo que había recorrido para llegar hasta ahí. Pasé un año juntando puntos y entrenando sin tener la certeza de quedar en el sorteo… y ahí estaba a punto de enfrentar el Mont Blanc.

Cada imagen de la carrera está nítida y presente, con los detalles de cada momento, como si la volviera a correr cada vez que la recuerdo:

Un helicóptero y un dron nos observan desde el cielo…….3…2…1…y largan los primeros. Pasan 15 minutos hasta que sale mi grupo. Damos una vuelta por Courmayeur disfrutando del público italiano que nos alienta agitando unos cascabeles.

Subo los primeros 10 km, bastante lento debido a la gran marea de corredores. Pero con Sergio vamos muy tranquilos charlando. Llegamos a Tête de la Tronche y en la primera bajada ya se puede correr.

Comienzo a acelerar y a disfrutar de los hermosos paisajes mientras pasamos Bertone, Bonatti y Arnuva. La combinación del calor y la humedad elevados le agregan una dificultad extra a la carrera.

Antes de empezar a subir el Col Ferret comienzo a tener calambres en los aductores y tríceps, hasta no poder seguir. Decido parar en un río angosto, debajo de un puente … el tiempo pasa y me desilusiona pensar que puedo abandonar la carrera. Me calmo, elongo y retomo el sendero para comenzar a subir. Pierdo como 30 minutos, sin embargo emprendo otra vez la subida lentamente por el dolor de los calambres. En la cumbre un español me convida unas pastillas de sales que surten efecto de inmediato y puedo llegar bien a La Fouly (km 42). Son las 18:41 hs. En este punto me quedo media hora, puedo comer bien y descansar.

Salgo y me cruzo con Sergio que llega; nos alentamos y nos volvemos a separar. Salgo y hasta Champex vamos junto con 2 uruguayos y 1 chileno, bajando a buen ritmo y atravesando el hermoso paisaje suizo. Nos rodean establos de madera, grandes prados y vacas pastando con sus cencerros, de fondo las cumbres y glaciares. En cada pueblo los suizos viven la carrera con mucho entusiasmo, nos alientan con su “allez Damian allez” y los niños nos esperan con café caliente y agua con sal. Este es uno de los tramos que más disfruto de la carrera.

Pasamos Praz de Fort y empezamos a subir. Es el último tirón hasta Champex. Comienza a oscurecer y empezamos a prender las linternas frontales. El sonido de los cencerros contagia alegría porque manifiesta la cercanía del puesto de avituallamiento. Todo el pueblo celebra y hay un puesto enorme con mucha comida caliente y bebidas. Llego a las 21:36 hs y me quedo 50 minutos compartiendo con ellos lo que nos ofrecen, como si fuera una fiesta. Puedo descansar y elongar un poco: el susto de los calambres pasa de a poco.

Con muchas energías y animado subo hasta La Giete y luego bajada rápida hasta Trient. En el kilómetro 72 ya es la 1:42 am. Decido tomarme 20 minutos y salgo convencido de que voy a llegar y de que es el mejor momento para acelerar.

Entrando al sendero paro para ponerme la remera térmica. Ya no es el calor infartante de la tarde pero tampoco el frío para el que iba preparado. Con muy buen ritmo subo hasta Catogne y bajo hasta Vallorcine. En el camino me detengo unos segundos apagando la frontal y disfruto de la noche llena de estrellas.

Me siento muy bien, las piernas responden y voy pasando a otros corredores con buena velocidad. En Vallorcine descanso sabiendo que restan unos pocos kilómetros. Salgo a las 5 am de este puesto y emprendo la última subida. Dura pero con un ritmo constante voy avanzando. En la última bajada observo Chamonix desde lo alto. Son las 8 am y restan 7 km, la bajada es dura pero sigo con buen ritmo. A cada paso los pies me duelen y siento también que los cuádriceps se agotan. Cuando faltan 2 km aparece el asfalto del pueblo.

Mi felicidad es enorme y mi sonrisa me delata ante el público. Son las 9 de la mañana y ya estoy en Chamonix corriendo como si estuviera en una carrera de 10 km.

Cruzo la meta después de 24:12 hs y, de tanta emoción, no puedo controlar mis lágrimas. Recibo el preciado chaleco de finisher, me tomo un tiempo para descansar y me alimento, cruzo saludos con esos compañeros que encontré a lo largo de toda la carrera.

Miro hacia atrás y vuelvo a contar todo lo que hice para llegar hasta ahí: ¡Valió la pena cada esfuerzo puesto en este gran desafío!